QUIZÁ CALLAR CONVIENE MÁS!
©Giuseppe Isgró C.
Barcelona,
22-07-1971, 11 pm
Revisado: 08-04-2019.
-"Saber, querer, osar y callar".
Mensaje de la Gran Esfinge de Giseh
-"Saber, querer, osar y callar".
Mensaje de la Gran Esfinge de Giseh
Quizá callar conviene
más,
antes que exponerse
a que mal otros
interpreten
lo que se piensa.
Quizá callar algunas
veces se deba,
y hacerlo aisla al
ser del bullicio exterior.
Pero, quien calla
puede escuchar al interlocutor
y entender lo que
éste dice.
Se puede escuchar la
voz de la Divinidad
que a cada instante habla
en la conciencia
con el lenguaje de
los sentimientos
de los valores y las
virtudes.
Unas veces alentando
a seguir adelante,
a cumplir con el
propio deber,
otras veces
advirtiendo, para que se deje de hacer lo pensado,
que, de otra manera,
se incurriría en error.
Quien habla mucho
escucha poco,
quien habla poco escucha
y entiende más,
que, en definitiva es
lo único que importa.
Como decía Jagot:
jamás hablar para auto elogiarse,
Ya que, como dijo
Bolívar, se haría en detrimento
del propio mérito.
Si hablar de otros se
trata, como expresó Franklin,
es para decir todo lo
bueno que se sepa,
callando todo lo
demás.
Si se elogian tus
méritos, en tu presencia,
atribúyelos a la
Divinidad, que guía tus pensamientos,
sentimientos,
palabras y actos.
Expresa, únicamente, las gracias, y que eres un aprendiz.
Emula a la
naturaleza, que ejecuta su labor, silenciosamente,
y jamás deja de hacer
lo que le compete,
en los planes
expansivos de la creación.
Que tus obras sean el
reflejo de tus pensamientos,
que el bien que
hagas, de tus sentimientos,
que el silencio que
guardas, tu mejor elocuencia,
y si algo bueno
tienes que enseñar,
que sea con tu
ejemplo, sin pronunciar palabras.
Conserva la humildad,
ya que por mucho que hayas hecho,
es incomparable con
lo que queda por hacer.
Entonces, a que sirve
ufanarse, o vanagloriarse?
Es allí la
importancia de guardar silencio
para centrarse en lo
que realmente importa.
Yo quisiera haber
callado muchas veces,
y eso que en callar
excedo.
Primero, que muchos
no desean oír ni le interesa
lo que le tienes que
decir. Segundo, es mejor esperar
a que sea solicitada
tu opinión.
Y aun así, es preciso
ser prudentes con lo que se dice,
y la extensión del
contenido,
haciéndote cargo
probable del efecto de tus palabras.
Es preciso enfocarse
en la sabia lección que encierra
cualquier cosa que
otros dicen, cuando se está obligado a escuchar,
por deber, cortesía,
respeto, amor, buenas costumbres, o placer.
En todo busca lo que
es preciso emular, o evitar,
en tus pensamientos,
sentimientos, palabras y actos.
Jamás te compares con
nadie, ya que en todos, debes encontrar
la misma esencia
divina que yace en ti.
Por lo cual, dónde
reside la superioridad, o la inferioridad?
Eso sí, de todos es
preciso aprender de la experiencia
que le es inherente,
ya que en ella,
cada quien nos excede
en algún grado.
Y si en algo poseemos experiencia que le sea útil al prójimo,
compartámosla con
generosidad y altruismo,
como incontables
otros lo han hecho, antes, con nosotros.
Nuestra deuda de
gratitud es inmensa con seres
que aun viviendo en
remotas eras, siguen beneficiándonos
con su valiosa
experiencia compartida en obras y pensamientos,
en palabras y
sentimientos, registrados por la historia,
y mucho más, aún.
y mucho más, aún.
Callar, muchas veces, sí,
pero cuando hablar
conviene,
con valor hay que expresar la propia manera de pensar,
u opinión, aún guardando silencio;
u opinión, aún guardando silencio;
más, después es preciso volver a
callar,
aun cuando se hable de otras cosas.
Son formas diferentes, pero con el mismo efecto
de silencio y elocuencia.
aun cuando se hable de otras cosas.
Son formas diferentes, pero con el mismo efecto
de silencio y elocuencia.
Es responsabilidad
del oyente,
usar o dejar de
aplicar, lo que se le ha sugerido,
y las consecuencias, o beneficios, de los resultados, también.
y las consecuencias, o beneficios, de los resultados, también.
Es el mismo respeto
a la libertad de pensamiento,
que anhelamos para nosotros.
Cuanto más debemos respetar el libre albedrío ajeno.
Recordemos: no
siempre nuestra opinión es de mayor valor
que las de otros, y el que más más busca convencer,
generalmente es quien más ignora.
Sócrates lo demostró
con sabio ejemplo,
al conocer la
respuesta de la Pitia
a una pregunta de su
amigo Querefonte,
afirmando que nadie
había más sabio en Grecia que él.
Empero, después de
tanto hurgar, explorando,
se dio cuenta de que ignoraba las mismas cosas que los demás,
solo le diferenciaba,
que él si tenía conciencia de de su ignorancia.
Por eso afirmó: -“Yo
sólo sé que no se aquello que no sé”.
Sin duda alguna,
Sócrates exageraba, pero aun así es loable su actitud.
Quién podría conocer
todo lo que ignora? Usted, yo?
Sin duda, la
Divinidad.
Y aun así, es dable dudar, pese al exabrupto de solo pensarlo.
Si cada ser tiene libre albedrío, cómo podría conocer, la Divinidad,
ahora, todo lo que se le ocurrirá hacer, a cada ser,
de los cuatro reinos naturales, en la expansión de la creación?
Si el Universo fuera un experimento ya acabado,
estas preguntas no cabrían.
Si la Divinidad que se expresa en cada ser,
en los cuatro reinos naturales,
no tiene límites en su potencialidades infinitas,
tendría que tenerlos en los alcances de sus percepciones,
sabiendo ya, todo, lo que llegará a manifestarse en el eterno presente?
Una paradoja, de las muchas que existen.
Por eso, frente a preguntas como éstas que osan descifrar los arcanos,
incógnitos todavía, por mucho tiempo, quizás callar conviene más!
ahora, todo lo que se le ocurrirá hacer, a cada ser,
de los cuatro reinos naturales, en la expansión de la creación?
Si el Universo fuera un experimento ya acabado,
estas preguntas no cabrían.
Si la Divinidad que se expresa en cada ser,
en los cuatro reinos naturales,
no tiene límites en su potencialidades infinitas,
tendría que tenerlos en los alcances de sus percepciones,
sabiendo ya, todo, lo que llegará a manifestarse en el eterno presente?
Una paradoja, de las muchas que existen.
Por eso, frente a preguntas como éstas que osan descifrar los arcanos,
incógnitos todavía, por mucho tiempo, quizás callar conviene más!
El que quiere busca.
El que busca
encuentra.
Al que encuentra,
hablar se puede.
Calla, pues,
pero, habla cuando es preciso
hacerlo.
Recuerda el ejemplo de la Gran Esfinge de Giseh,
que después de saber, querer y osar, sugiere: callar!
que después de saber, querer y osar, sugiere: callar!

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