martes, 16 de junio de 2020

LAS PALABRAS TIENEN PODER…



LAS PALABRAS TIENEN PODER…


©Giuseppe Isgró C.





Las palabras tienen poder…
las que dices a ti mismo,
las que expresas a los demás,
con fines diversos.
Las que diriges a tus mascotas,
a las plantas, a la tierra,
al azulado cielo con nubes blancas,
a los elementos de la naturaleza,
a los mares, a los ríos,
a los bosques, a los lagos
y al agua que brota en las pequeñas fuentes,
como manantiales de eterna vida,
en las que todos, sacian su sed….

En este paraíso que entregó Dios al hombre..
-y a los demás seres de los cuatro reinos naturales-,
que se llama Tierra, -seguramente-; ¿quién lo sabe?,
que creemos nuestra, y en verdad lo es,
como cuidadores, cultivadores y administradores,
de turno, que se nos ha confiado en comodato,
o, -préstamo de uso temporal-.

Es deber ineludible devolver el legado recibido en préstamo,
en iguales condiciones, o en mejor estado,
con las mejoras hechas, que siempre quedan en beneficio
del Propietario, que es Dios.
Él lo volverá a entregar a los nuevos usuarios de turno.
Algún día, se nos volverá a entregar, en comodato,
el mundo tal como fue entregado, por cada quien, en la estancia anterior,
o en aquel lugar que se asemeje a la morada antes restituida.

Las palabras tienen poder…las que se dicen,
y las que se callan; unas activan a la ley del karma,
y las otras, a la Ley de atracción.
Las primeras transmiten contenidos mentales,
en pensamientos y sentimientos,
ideas que son semillas, que dan frutos,
buenos, unos, poco deseables, otros.
Las palabras que no llegan a pronunciarse, no obstante,
atraen circunstancias análogas, a lo pensado, y sentido,
como realidad existencial.
Lo bueno, o lo malo, depende de la intención,
y de la inherente polaridad.

Lo que se dice a Dios, también tienen poder constructivo,
o lo contrario; si vas a la contienda, pidiendo a Dios
que te proteja e ilumine, para salir victorioso,…
¿cuál es la misión que te has forjado?
¿Exterminar al infiel, que crees tu enemigo,
siendo él tú mismo?
O, ir al Hato a buscar reses, pidiendo a Dios
que te conceda obtener el mejor precio,
al llevarlas al matadero, junto con otros seres,
que alimentaste, día a día,…
seres que te vieron como benefactor,
y también te amaban sin tú saberlo,
por ser seres nobles, los animales… y agradecidos…
sin imaginar que un día, tú, serías su verdugo:
sí, tú, que le alimentaste; que le llevaste al matadero,
sin importar la postura del viaje, que le transportaste
y vendiste en el mercado, o en lujosos frigoríficos;
tú que le compraste para alimentarte,
creyendo, inocentemente, que era el mejor de los alimentos,
cuando la naturaleza te había ofrecido incontables
otras formas más saludables.
También, tú, que adquiere pieles de visón,
o productos con pieles de cocodrilos, 
y exhibes trofeos con partes de caza prohibida,
bien seas cazador, o usuario, poca diferencia
hay con el verdugo, bien sea la presa: humano, o animal,
porque, en todos late la esencia divina, y no lo sabes,
o prefieres ignorarlo, por tu aparente conveniencia.

Todos, en nombre de Dios,
de bando a bando, anhelan la victoria
a expensa del otro, …
¿Estaba eso en los planes de Dios?
El planeta que se recibió como hogar Divino,
¿refleja la divinidad de Dios?

Las palabras tienen poder, para el bien,
o para el mal, como un arma de doble filo,
que beneficia, ayudando con su mensaje
de amor, justicia y bondad.
Que causan inmenso daños: con ellas se ofende,
o irrespeta, no solamente a extraños….
cuando adulas para recabar un provecho indebido,
o seduces para conquistar conciencias,
que luego ignoras que hacer con ellas.

Al final, cada quien descubre,
que nadie engaña a nadie, sino a sí mismo,
ya que todo lo que se dice, o hace,
todo lo que se piensa o siente, y se transmite,
son semillas que dan sus frutos análogos.
Entonces, muchos se preguntan:
¿por qué no usé mejores semillas,
si yo era el que tenía el poder de elegir?

A muchos le ocurre como a aquél
a quien el dueño de la hacienda le encargó
una casa para construir, de la mejor calidad,
y sin ahorros de costos algunos.
Este hombre viendo la oportunidad
de sacar algún provecho de la ocasión.
utilizó materiales de segunda y de tercera.
Al final, cuando la casa estuvo lista,
llamó el propietario a su colaborador,
y le dijo que ella era un premio para él
por los años de servicios prestados.
Allí es comprensible percibir,
el estado de conciencia de aquél servidor,
que resultó engañado por sí mismo,
al aprovecharse indebidamente,
de quien en él confiara.
Pudiendo tener la mejor casa,
obtuvo la que el mismo quiso para el otro;
percibiendo que, siempre se recibe
lo mismo que se da a los demás.

Las palabras contienen, también, sabiduría,
bondad, amor, justicia, fortaleza, templanza,
belleza, serenidad, sosiego, paz, salud, riqueza,…
que transmiten contenidos, en sentimientos, y emociones,
en mensajes y estímulos, con conocimientos, y apoyo,
que enriquecen, generalmente, y en otros casos,
se produce el efecto contrario,
según los estados de conciencia,
en las estancias del Espíritu,
de quien transmite.

Se puede transmitir la armonía de la primavera,
el júbilo del verano, la reflexión del otoño,
y la restauración del Espíritu
con la quietud serena del invierno,
cuando las cosechas previas fueron abundantes,
de buenos frutos, y justas compensaciones.
Se puede contemplar en los campos repletos
de cultivos: las lentejas, los pepinos, las manzanas,
las peras y los limones, los olivares cargados,
y las floridas granadas por todas partes,
los maizales con sus doradas mazorcas,
y los extensos campos repletos de espigas de trigo,..
en otras partes, se observan campos repletos de berenjenas,
repollos, coliflores, brócoli, papas, ….y tantos otros frutos,…
sanos alimentos que además de la salud, aportan la energía buena,
para la primavera que sigue después del invierno,
todo parece un oasis maravilloso.

¡Que alegría, recordar los afanes, satisfecho,
al contemplar la abundancia de los frutos cosechados,
que cada quien, a sus fuertes brazos, y constancia, debe,
el haber cosechado. Todo lo debe a sí mismo, y la paz, y la bondad
en la conciencia aflora, compartiendo con lo demás,
la parte que corresponde, en la Ley de la vida:
dar lo que compete, recibir y conservar,
lo que hay que usufructuar,
realizando la mayor suma
de bien posible, que es la suprema riqueza:
la capacidad de dar.

Las palabras comunican el contenido de la Estancia del Espíritu,
frutos cultivados en la conciencia, con los sentimientos
de los valores y atributos divinos.
Ellas transmiten el placer y el dolor, lo dulce y lo amargo,
la justicia o la ausencia de ella,
el amor y el sacrificio, la emoción del deber cumplido,
y tantas otras cosas que en ellas se encuentran.

Es preciso despertar….percibiendo,...
y comprender el por qué se está aquí, y lo qué se quiere,…
si se anhela algo bueno para sí, es menester, antes,
aportarlo a lo demás, como servicio…

En realidad, ¿quién es el verdadero Dador?
¿Tú?, ¿estás seguro?
El Dador, empero, no eres tú….
El Dador es el Ser Universal: Dios, Allah,
o como se llame, ¿qué importa? ¿Quién puede saberlo
si Él fue ante que cualquier cosa existente después de Él?
Dale el nombre que quieras: Él es el dador, no tú.
Tú Misión es retirar del Gran Depósito del Tesoro Universal
todo lo que puedas, cada día, para distribuirlo a todos
los que conforman el entorno en que vives o actúas,
reteniendo la décima parte para ti, como salario cósmico.
Esa es la Ley: Repartir el 90%; retener el 10%.
Esa es la misión de todos:
Ser repartidores del Tesoro Universal, en beneficio de todos,
en justicia, y equidad, de acuerdo al fiel de la balanza divina,
que pesa los méritos de cada quien, en forma justa y perfecta.
Repartidores al servicio de todos los seres
de los cuatro reinos naturales, de la riqueza cósmica: esa es la misión.
Recuerda que el oro, es solo uno de los elementos de la naturaleza,
que hay otras grandes riquezas que es preciso descubrir, y usufructuar.

¿Acaso has dejado de percibir como los seres
de los reinos: animal, vegetal y mineral, además del hombre,
son fieles servidores de todos, en forma integral?
¿Qué sería el planeta tierra y los mundos
del infinito universo, sin la cooperación recíproca
de los seres de los cuatro reinos naturales?

Este es el gran secreto:
Repartir las nueve décimas partes
del Tesoro Universal del Gran Dador,
que a cada quien se le asigne,
como distribuidor de riquezas, -integrales-
según su capacidad de dar.
Retener, para sí, la décima parte,
de lo que reparte,
como salario cósmico.

Quien no reparte nada, siendo la naturaleza
en extremo justa, le dará su décima parte,
de nada, y la oportunidad, para la siguiente fase,
para que se esmere más.

Entrar en las incontables estancias del Espíritu,
abre las puertas y ventanas que permiten ver, fuera,
las bellezas del universo, de la Tierra y de los mundos todos,
que es…la grandeza que Dios forjó de la Esencia para todos.

La misión: es ser Distribuidor del Tesoro de la fuente divina:
Amor, sabiduría de los atributos divinos, justicia, fortaleza,
templanza, belleza, armonía, salud, servicio
y poder creativo-realizador.

Quien acumula mayor riqueza,
es el más efectivo servidor de los demás.
Da más, y en justicia, recibe más…..salario cósmico.

Finalmente, cada quien percibe,
que las bellezas y demás tesoros que observa fuera,
antes los descubrió dentro de sí mismo.
Por eso desde los arcanos tiempos
de la más remota antigüedad, se dice,
que cada quien, encuentra en el entorno,
lo que, ya, tiene dentro,
al igual, que las palabras que pronuncia.
Si adentro hay sustancia,...
ellas están llenas de contenido análogo:
poder y sabiduría. ¡Oh sublimes tesoros!



16 de Junio de 2020.












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