lunes, 15 de abril de 2019

DEL HOMBRE NATURALEZA NATURALEZA VIBRA


DEL HOMBRE NATURALEZA 
NATURALEZA VIBRA



©Giuseppe Isgró C.
1969





¡Del hombre naturaleza naturaleza vibra
vibra la ilusión ilusión que vive
¿en el corazón?, no, en el espíritu;
que desata la pasión pasión que brota
del instinto instinto que domina
cuando saciado saciado se expande el hombre!
Y del Eterno ser vibración
vibración de amor permite manifestar
que inspira la vida
que engendra la vida
la vida que pasa y se transforma
y siempre es vida.
Y asciende el hombre, el hombre asciende
de evolución grados, de sabiduría grados,
y cual número de infinitos números,
en su largo recorrido fin no encuentra,
y palpa luz, escala la luz, avanza en luz
y siempre destellos de más luz encuentra
que vislumbran la visión, del vivir la visión.


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Cuántas cosas nos dirían,

si hablaran nuestros lenguaje,

los animales, las plantas y los minerales.
Y, sin embargo, hablan, en su lenguaje,
y nos enseñan, a cada instante,
con silencioso mensaje: su ejemplo.
Recuerdo las sabias palabras
de Domingo Romano, un napolitano insigne,
en la Puerto La Cruz de los años sesenta,
del siglo XX, que decía:
-"No es necesario que nadie me explique lo que hace,
para mi todo lo que una persona hace, lo que es,
lo que calla, y lo que habla, es sabia enseñanza.
Con verle, yo aprendo de su ejemplo,
de como aborda las situaciones, y las resuelve,
del brillo de sus ojos, que me muestra su inteligencia
y su actitud frente a la vida"-.
Para mi, fue un maestro que la vida puso en mi camino,
y hoy deseo recordarlo, expresándole mi gratitud,
viendo como las semillas esparcidas silenciosamente,
a la distancia del tiempo, siguen dando buenos frutos.
Esas semillas eran los valores: la dignidad, el respeto,
el trabajo activo y productivo, la amistad, la palabra de honor,
el sentido de la justicia y la excelencia en el servicio.
Ah, y el buen humor constante, la cortesía y amabilidad con todos,
el tono suave en el hablar, y el mirar franco a la cara, sonriente,
como cuando un amigo se acerca con alegría a todo ser querido.
Otro personaje, por esa época, 1965, relevante en igual grado,
en esa ciudad donde gente de valor y dignidad hizo historia,
era José Bala, cuyo lema era ir bajito, por la vida, con humildad,
y lo decía quien el éxito le era conocido en elevado grado.
El tercer ejemplo que deseo recordar hoy, es el de Filippo Conti,
un romano de la séptima generación, aunque no alardeaba de ello,
quien decía: -"Maestro a ojos no vale un hinojo".
Tenía la aptitud de reconocer las cosas por lo que eran, fácilmente,
pero su sed insaciable de conocimientos le hacía alcanzar la excelencia,
en todo lo que hacía.

15-04-2019.

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