LAS PALABRAS TIENEN PODER…
©Giuseppe Isgró C.
Las
palabras tienen poder…
las que
dices a ti mismo,
las que
expresas a los demás,
con fines
diversos.
Las que
diriges a tus mascotas,
a las
plantas, a la tierra,
al azulado
cielo con nubes blancas,
a los
elementos de la naturaleza,
a los
mares, a los ríos,
a los
bosques, a los lagos
y al agua
que brota en las pequeñas fuentes,
como
manantiales de eterna vida,
en las que
todos, sacian su sed….
En este
paraíso que entregó Dios al hombre..
-y a los
demás seres de los cuatro reinos naturales-,
que se
llama Tierra, -seguramente-; ¿quién lo sabe?,
que
creemos nuestra, y en verdad lo es,
como
cuidadores, cultivadores y administradores,
de turno,
que se nos ha confiado en comodato,
o,
-préstamo de uso temporal-.
Es deber
ineludible devolver el legado recibido en préstamo,
en iguales
condiciones, o en mejor estado,
con las
mejoras hechas, que siempre quedan en beneficio
del
Propietario, que es Dios.
Él lo
volverá a entregar a los nuevos usuarios de turno.
Algún día,
se nos volverá a entregar, en comodato,
el mundo
tal como fue entregado, por cada quien, en la estancia anterior,
o en aquel
lugar que se asemeje a la morada antes restituida.
Las
palabras tienen poder…las que se dicen,
y las que
se callan; unas activan a la ley del karma,
y las
otras, a la Ley de atracción.
Las
primeras transmiten contenidos mentales,
en
pensamientos y sentimientos,
ideas que
son semillas, que dan frutos,
buenos,
unos, poco deseables, otros.
Las
palabras que no llegan a pronunciarse, no obstante,
atraen
circunstancias análogas, a lo pensado, y sentido,
como
realidad existencial.
Lo bueno,
o lo malo, depende de la intención,
y de la
inherente polaridad.
Lo que se
dice a Dios, también tienen poder constructivo,
o lo
contrario; si vas a la contienda, pidiendo a Dios
que te
proteja e ilumine, para salir victorioso,…
¿cuál es
la misión que te has forjado?
¿Exterminar
al infiel, que crees tu enemigo,
siendo él
tú mismo?
O, ir al
Hato a buscar reses, pidiendo a Dios
que te
conceda obtener el mejor precio,
al
llevarlas al matadero, junto con otros seres,
que
alimentaste, día a día,…
seres que
te vieron como benefactor,
y también
te amaban sin tú saberlo,
por ser
seres nobles, los animales… y agradecidos…
sin
imaginar que un día, tú, serías su verdugo:
sí, tú,
que le alimentaste; que le llevaste al matadero,
sin
importar la postura del viaje, que le transportaste
y vendiste
en el mercado, o en lujosos frigoríficos;
tú que le
compraste para alimentarte,
creyendo,
inocentemente, que era el mejor de los alimentos,
cuando la
naturaleza te había ofrecido incontables
otras
formas más saludables.
También,
tú, que adquiere pieles de visón,
o
productos con pieles de cocodrilos,
y exhibes
trofeos con partes de caza prohibida,
bien seas
cazador, o usuario, poca diferencia
hay con el
verdugo, bien sea la presa: humano, o animal,
porque, en
todos late la esencia divina, y no lo sabes,
o
prefieres ignorarlo, por tu aparente conveniencia.
Todos, en
nombre de Dios,
de bando a
bando, anhelan la victoria
a expensa
del otro, …
¿Estaba
eso en los planes de Dios?
El planeta
que se recibió como hogar Divino,
¿refleja
la divinidad de Dios?
Las
palabras tienen poder, para el bien,
o para el
mal, como un arma de doble filo,
que
beneficia, ayudando con su mensaje
de amor,
justicia y bondad.
Que causan
inmenso daños: con ellas se ofende,
o
irrespeta, no solamente a extraños….
cuando
adulas para recabar un provecho indebido,
o seduces
para conquistar conciencias,
que luego
ignoras que hacer con ellas.
Al final,
cada quien descubre,
que nadie
engaña a nadie, sino a sí mismo,
ya que
todo lo que se dice, o hace,
todo lo
que se piensa o siente, y se transmite,
son
semillas que dan sus frutos análogos.
Entonces,
muchos se preguntan:
¿por qué
no usé mejores semillas,
si yo era
el que tenía el poder de elegir?
A muchos
le ocurre como a aquél
a quien el
dueño de la hacienda le encargó
una casa
para construir, de la mejor calidad,
y sin
ahorros de costos algunos.
Este
hombre viendo la oportunidad
de sacar
algún provecho de la ocasión.
utilizó
materiales de segunda y de tercera.
Al final,
cuando la casa estuvo lista,
llamó el
propietario a su colaborador,
y le dijo
que ella era un premio para él
por los
años de servicios prestados.
Allí es
comprensible percibir,
el estado
de conciencia de aquél servidor,
que
resultó engañado por sí mismo,
al aprovecharse
indebidamente,
de quien
en él confiara.
Pudiendo
tener la mejor casa,
obtuvo la
que el mismo quiso para el otro;
percibiendo
que, siempre se recibe
lo mismo
que se da a los demás.
Las
palabras contienen, también, sabiduría,
bondad,
amor, justicia, fortaleza, templanza,
belleza,
serenidad, sosiego, paz, salud, riqueza,…
que
transmiten contenidos, en sentimientos, y emociones,
en
mensajes y estímulos, con conocimientos, y apoyo,
que
enriquecen, generalmente, y en otros casos,
se produce
el efecto contrario,
según los
estados de conciencia,
en las
estancias del Espíritu,
de quien
transmite.
Se puede
transmitir la armonía de la primavera,
el júbilo
del verano, la reflexión del otoño,
y la
restauración del Espíritu
con la
quietud serena del invierno,
cuando las
cosechas previas fueron abundantes,
de buenos
frutos, y justas compensaciones.
Se puede
contemplar en los campos repletos
de
cultivos: las lentejas, los pepinos, las manzanas,
las peras
y los limones, los olivares cargados,
y las
floridas granadas por todas partes,
los
maizales con sus doradas mazorcas,
y los
extensos campos repletos de espigas de trigo,..
en otras
partes, se observan campos repletos de berenjenas,
repollos,
coliflores, brócoli, papas, ….y tantos otros frutos,…
sanos
alimentos que además de la salud, aportan la energía buena,
para la
primavera que sigue después del invierno,
todo
parece un oasis maravilloso.
¡Que
alegría, recordar los afanes, satisfecho,
al
contemplar la abundancia de los frutos cosechados,
que cada
quien, a sus fuertes brazos, y constancia, debe,
el haber
cosechado. Todo lo debe a sí mismo, y la paz, y la bondad
en la
conciencia aflora, compartiendo con lo demás,
la parte
que corresponde, en la Ley de la vida:
dar lo que
compete, recibir y conservar,
lo que hay
que usufructuar,
realizando
la mayor suma
de bien
posible, que es la suprema riqueza:
la
capacidad de dar.
Las
palabras comunican el contenido de la Estancia del Espíritu,
frutos
cultivados en la conciencia, con los sentimientos
de los
valores y atributos divinos.
Ellas
transmiten el placer y el dolor, lo dulce y lo amargo,
la
justicia o la ausencia de ella,
el amor y
el sacrificio, la emoción del deber cumplido,
y tantas
otras cosas que en ellas se encuentran.
Es preciso
despertar….percibiendo,...
y
comprender el por qué se está aquí, y lo qué se quiere,…
si se
anhela algo bueno para sí, es menester, antes,
aportarlo
a lo demás, como servicio…
En
realidad, ¿quién es el verdadero Dador?
¿Tú?,
¿estás seguro?
El Dador,
empero, no eres tú….
El Dador
es el Ser Universal: Dios, Allah,
o como se
llame, ¿qué importa? ¿Quién puede saberlo
si Él fue
ante que cualquier cosa existente después de Él?
Dale el
nombre que quieras: Él es el dador, no tú.
Tú Misión
es retirar del Gran Depósito del Tesoro Universal
todo lo
que puedas, cada día, para distribuirlo a todos
los que
conforman el entorno en que vives o actúas,
reteniendo
la décima parte para ti, como salario cósmico.
Esa es la
Ley: Repartir el 90%; retener el 10%.
Esa es la
misión de todos:
Ser
repartidores del Tesoro Universal, en beneficio de todos,
en
justicia, y equidad, de acuerdo al fiel de la balanza divina,
que pesa
los méritos de cada quien, en forma justa y perfecta.
Repartidores
al servicio de todos los seres
de los
cuatro reinos naturales, de la riqueza cósmica: esa es la misión.
Recuerda
que el oro, es solo uno de los elementos de la naturaleza,
que hay
otras grandes riquezas que es preciso descubrir, y usufructuar.
¿Acaso has
dejado de percibir como los seres
de los
reinos: animal, vegetal y mineral, además del hombre,
son fieles
servidores de todos, en forma integral?
¿Qué sería
el planeta tierra y los mundos
del
infinito universo, sin la cooperación recíproca
de los
seres de los cuatro reinos naturales?
Este es el
gran secreto:
Repartir
las nueve décimas partes
del Tesoro
Universal del Gran Dador,
que a cada
quien se le asigne,
como
distribuidor de riquezas, -integrales-
según su
capacidad de dar.
Retener,
para sí, la décima parte,
de lo que
reparte,
como
salario cósmico.
Quien no
reparte nada, siendo la naturaleza
en extremo
justa, le dará su décima parte,
de nada, y
la oportunidad, para la siguiente fase,
para que
se esmere más.
Entrar en
las incontables estancias del Espíritu,
abre las
puertas y ventanas que permiten ver, fuera,
las
bellezas del universo, de la Tierra y de los mundos todos,
que es…la
grandeza que Dios forjó de la Esencia para todos.
La misión:
es ser Distribuidor del Tesoro de la fuente divina:
Amor,
sabiduría de los atributos divinos, justicia, fortaleza,
templanza,
belleza, armonía, salud, servicio
y poder
creativo-realizador.
Quien
acumula mayor riqueza,
es el más
efectivo servidor de los demás.
Da más, y
en justicia, recibe más…..salario cósmico.
Finalmente,
cada quien percibe,
que las
bellezas y demás tesoros que observa fuera,
antes los
descubrió dentro de sí mismo.
Por eso
desde los arcanos tiempos
de la más
remota antigüedad, se dice,
que cada
quien, encuentra en el entorno,
lo que,
ya, tiene dentro,
al igual,
que las palabras que pronuncia.
Si adentro
hay sustancia,...
ellas están llenas de contenido
análogo:
poder y
sabiduría. ¡Oh sublimes tesoros!
16 de
Junio de 2020.

